Labradora y tendera
En el verano de 1958 se inauguró oficialmente el embalse de Ullibarri-Ganboa. Bajo sus aguas quedaron anegadas las historias de muchas alavesas y alaveses que se vieron desplazados hacia la cercana ciudad de Vitoria-Gasteiz y los pueblos aledaños. Sus casas, sus tierras y sus recuerdos no se olvidan.
Tere Ruíz de Arbulo nació en 1933 en Orenin, un pequeño pueblo donde alrededor de 15 casas llenas de gente y vida se esparcían por sus campos sembrados. La vida era trabajosa y sencilla.
El que fue su hogar aún sigue en pie, junto a otros en torno a la iglesia y la escuela, pero hay varias casas bajo el agua. Lo que queda del pueblo es hoy una isla. Otros desaparecieron por completo.
“Volví solo una vez, cuando la sequía de 1989, y sentí una pena tremenda”. Todavía hoy, si cierra los ojos, recuerda los matos en los que había endrinas, las fincas que labraba junto a su familia, las casas y los caminos que recorrió de niña.

Más atadas que las vacas
Entre abuelos, tíos, padres e hijos, aquel hogar de Orenin daba cobijo a 15 almas, así que “había que arrimar el hombro sí o sí”. Los Ruíz de Arbulo eran 9 hermanos y hermanas, pero ellas, las niñas, se encargaban de la casa además del campo. Cultivaban trigo, cebada, avena, maíz, forraje y patatas que venían a comprar al pueblo desde Vitoria con un camión.
Su vida cambió con 14 años, cuando empezó a aprender a coser. De enero a mayo se quedaba en casa de unos tíos en Vitoria, pero el fin de semana volvía al pueblo, a seguir escardando, trillando o lo que tocara. También tenían cerdos y una pareja de bueyes. A las crías de yeguas y mulas se las llevaba el padre a la feria de ganado de Salvatierra a venderlas.
Atropeyo
La mirada de Tere guarda muchas historias vividas. Cuando llegó el agua a Orenin Tere ya vivía en Vitoria. Sus padres habían comprado una casa en la calle que hoy se llama San Vicente de Paul. Aquella casa tenía cuadra, pajar y de todo, pero era una casa vieja que por no tener no tenía ni cuarto de baño. “Padre lo mandó construir y también arreglar la cocina”. “Ahí tengo mis penas, porque ya estaba en Vitoria, era joven y veía las cosas de otra manera; mi hermana pequeña seguía en Orenin y habla de cuando tiraron las campanas de la torre”.
Andaba ya la gente a coger todo lo que podía de las casas…que si calderas de cobre…”, cuenta.
“Yo siempre he pensado que Altos Hornos nos quitó las tierras”. Tere reconoce el beneficio común que ha supuesto, por el abastecimiento de agua, “pero no hay derecho” añade cada vez que lo piensa.
“El pantano ha salvado de muchas inundaciones, pero al principio, cuando abrían de golpe, inundaban todo y, ¡claro!, cuando inundaba a talleres y fábricas eso costaba dinero, en cambio a los labradores nunca nos han dado nada”.

Una tienda de las de antes
Tere abrió una tiendita en Nueva Adentro, “era como un ultramarinos, y en ella he vendido de todo: fruta, patatas, azúcar… Le pusimos el nombre de mi madre: Mercedes”. A Vitoria se trajeron una vaca de Orenin, y Tere vendía la leche en la tienda o bien la repartía de casa en casa.
Casada a Gamarra
Aquella joven modista que fue en Vitoria se casó con un labrador y se instaló definitivamente en Gamarra.. Con siete hijos siguiéndole los pasos, “sacamos la casa adelante entre vacas, huerta y tal y tal”.
Cuando llegó al pueblo en el que continúa viviendo, el Ayuntamiento empezó a coger la tierra para uso industrial y pagaba a 17 pesetas el metro; “en Orenin fueron 50 céntimos”, comenta indignada. Les expropiaron 2 o 3 fincas. “He vivido lo del pantano y unas cuantas más. Recuerdo Gamarra, pero fue Arangiz, Miñano Mayor y otros pueblos”.
Gamarra ya no es un pueblo de labradores, “ya no quedan casi, y ha llegado gente de todas partes”.

Gimnasia, familia y café
Tere hace mucho tiempo que no se ocupa del campo, pero sí lo hace un hijo labrador que tiene que lidiar con los problemas actuales. Labra lo de casa y otros arriendos, tierras dispersas. Los martes se reúne con otras mujeres, unas 10-14 en el centro social, “y lo pasamos muy bien, tomamos una infusión, café, celebramos los cumples, hacemos alguna comidilla, jugamos al bingo. También hay gimnasia, lo de la memoria… y nos llevamos todas bien”.

