El caserío, el baserri en Ayala sigue salpicando el paisaje en toda su esencia, como en pocos lugares de Euskadi. Su sola presencia cuenta la historia de una tierra de vías y caminos y unas gentes en comunión con la naturaleza.
La tipología del caserío varía según el entorno en que se asienta. En los valles su construcción es más grande y abierta, mientras que en las zonas altas de la montaña, en toda La Sopeña, son más pequeños y cerrados, se aprecian pocos balcones en la primera planta, son más comunes a la altura del desván y su utilidad era secar maíz, legumbres, nueces, etc.
No existe un caserío tipo en Ayala. Muchos se han ido transformando, otros se han perdido o se están perdiendo, pero bien es cierto que se conservan ejemplares de gran interés histórico. Por ejemplo, en Izoria hay un caserío único por la decoración que ostenta en su última planta de la fachada.
En cuanto al revoco ayalés, no era sino la forma de proteger la piedra de las inclemencias del tiempo. Apenas dejaban pequeños trocitos de piedra a la vista, de forma aleatoria, y en algunos en la parte alta plasmaban los constructores sus hermosas firmas.