El último sábado de agosto, coincidiendo con el fin de las fiestas patronales, por todas las calles de Laudio hay un olor inconfundible, el de las morcillas. La comida de los cofrades de San Roque es el domingo. Las morcillas, en su origen, son la versión popular previa a la comida de la Cofradía, elaboradas con los sobrantes de lo que se iba a comer al día siguiente, que bien podía ser un novillo o un carnero.
Hoy la costumbre se ha popularizado tanto que nadie quiere perderse el sabor del día y en cualquier local, bar o casa que se precie se asan las reconocidas y famosas morcillas.
Dolores Astobiza las ha hecho siempre en el caserío, y las ha vendido su hija el día del baserritarra en la plaza. Salvo los puerros, el perejil y la cebolla, todo lo tenía que comprar. El arroz lo cocía de dos en dos kilos, y nunca hervía. Y la prueba se la daba una primera morcilla cocida en un cacito, ella sola. Así sabía que todo estaba a su gusto para continuar con el resto.
“El día de la cofradía trabajábamos muchísimo. No solo las morcillas, también hacíamos una sopa de pan de pistola buenísima y otras cosas”, cuenta. Allí les pilló la riada del 83, y pasaron la noche en el primer piso del ayuntamiento.