Todo empezó con las tejas, un elemento cargado de simbolismo en la vida del pueblo vasco. Laudio no solo tuvo una importante tejera, sino que cuando estas empezaban a languidecer surgió en su lugar la primera industria del que luego sería el pueblo alavés fabril por excelencia.
La Cerámica de Laudio, ubicada en Gardea, se convirtió en pionera en Álava. Su edificio aún se conserva. Comenzó a fabricar tejas en torno al año 1900 gracias al impulso económico del entonces Marqués de Urquijo. En ella se produjeron además de tejas, ladrillos y otros elementos cerámicos durante ocho décadas.
Ahora sólo queda parte de aquella empresa, ya que prácticamente la mitad de la misma desapareció para dar paso a Aceros de Laudio en 1940.
Desde aquella primera tejera la historia fabril del pueblo no ha dejado indiferente a nadie. Sus potenciales industrias atrajeron en otros años a mucha gente que necesitaba trabajo, sufrió como pocos núcleos la desindustrialización de los 80, y desde entonces se ha ido recomponiendo y recuperando para continuar recorriendo su propia historia industrial.