Las primeras referencias que se tienen de la elaboración del txakoli datan del año 864 en Retes de Tudela, y del año 964 en la iglesia ya desaparecida de San Víctor y Santiago de Gardea. Era el vino que se utilizaba entre el clero para el culto y que acaba expandiéndose de la mano del cristianismo, hasta que en 1699 el obispo de Calahorra prohíbe celebrar con vino txakoli por su baja calidad.
Más de mil años después y en el mismo lugar la bodega Beldui, con Rosa Segurola a la cabeza, empieza a comercializar sus primeras cosechas de txakoli.
El txakoli siempre ha sido un producto local, ‘el vino de la tierra’, y tras las plagas de finales de siglo XIX y la aparición del tren entre Tudela y Bilbao que facilitaba el traslado del vino riojano, mejor que propio, casi se dio por desaparecido, salvo para el consumo doméstico y el que se procuraba en la ‘tabernilla romántica’.
El branque era la ramita de laurel que se ponía en la fachada para ofrecer el txakoli en cuanto se abría la barrica. Ese era el bueno, el primer caldo, después sabía sobre todo a moho y humedad. El txakoli que disfrutamos hoy nada tiene que ver con aquellos sabores amargos y poco refinados de antaño.
Actualmente la Denominación de Origen Arbabako Txakolina, reconocida y premiada, es la más pequeña de todo el Estado y únicamente está incluido el txakoli de esta comarca. En Laudio hay actualmente dos bodegas en activo: Beldui y Garate.