Armentia fue siempre un pequeño pueblo de agricultores que, tiempos atrás, en la época de la reconquista, vivió sus años de esplendor. Actualmente es un concejo residencial con casas y chalets muy cuidados, que a diario se llena de caminantes y deportistas dispuestos a adentrarse en su maravilloso bosque o a hacer un descanso en su agradable bar-bolera.
Pero Armentia ha sabido mantener su aroma histórico: ¿qué ocurrió aquí antiguamente?
Por Armentia pasaba la calzada romana que unía Burdeos con las minas de Astorga, el Iter XXXIV de Antonino. Vivió su esplendor durante la invasión árabe que es cuando se convirtió en un refugio para los cristianos, y fue la sede de uno de los pocos obispados de la península en ese período convulso. Con la reconquista y la posterior fundación de Nueva Victoria (nuestra Vitoria-Gasteiz) la importancia de Armentia languideció y muchos de sus habitantes marcharon a la nueva ciudad.
El enorme bosque de Armentia parece salido de un cuento infantil donde todo es posible. De momento nadie ha visto una bruja pero sí corzos, jabalíes, ardillas y muchísimos pajarillos.
A veces es un tanto sombrío por la cantidad de árboles -quejigos y algunos arces, majuelos, endrinos y zarzamora-, pero cuando entran los rayos de sol por las ramas es un espectáculo de luz.
Los itinerarios principales están indicados, aunque hay tantos senderos que resulta fácil perderse. Al bosque de Armentia se puede llegar andando desde Vitoria porque está solo a 3km.